Archivo mensual: noviembre 2018

La Fábrica del Sol, un edificio que ilustra la historia de la energía en Barcelona

La historia de la arquitectura urbana de Barcelona está íntimamente ligada al desarrollo económico de la ciudad. Esta es una relación frecuente, pero en el caso de la ciudad Condal, los resultados fueron excepcionales. Sin duda hay hitos que marcaron acentos en este auge, como la Exposición Universal de 1888 y los Juegos Olímpicos de 1992, eventos que dejaron una huella imborrable.

Pero el espíritu innovador catalán ya había dado muestras de su originalidad desde muchos años antes, y deben su impulso al aporte de las empresas, que vislumbraron un futuro de progreso para la ciudad.

Buen ejemplo de ello fue la “Sociedad Catalana para el Alumbrado de Gas”. A raíz del interés del ayuntamiento de Barcelona en introducir el alumbrado de gas en la ciudad, se otorgó una concesión a Charles Lebon en 1841. Fue necesario que transcurriera poco más de un año para que la nueva compañía iniciara sus operaciones en una fábrica ubicada en la Barceloneta, junto a la antigua puerta de Don Carlos. Las instalaciones incluían ocho hornos de carbón y tres gasómetros, con los que producían y distribuían el gas para el resto de la ciudad. Cabe destacar que esta fue la primera compañía que fabricó gas ciudad en España.

A comienzos del siglo xix, el conjunto fabril resultaba insuficiente para producir la cantidad de energía que era demandada, por lo que la empresa decidió ampliar su planta y construir una torre de aguas para obtener el volumen y presión de agua que le permitiera prestar sus servicios. El diseño de la edificación fue encargado al arquitecto Josep Domenèch i Estapà. Las obras se ejecutaron entre 1905 y 1906 e iniciaron con el depósito de las aguas. Esta torre, levantada sobre una base cuadrada, posee un tronco octogonal rematado por un depósito circular con cubierta cónica. La estructura de 44 metros de altura está construida en ladrillo visto y fue ornamentada con cerámica vidriada, siguiendo la tendencia de la estética modernista. Igualmente, se construyó un pabellón de oficinas y otras dependencias para complementar la fábrica.

El proceso de fabricación del gas a partir de la carbonización de la hulla se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo xx, cuando fue sustituido por el uso de naftas ligeras. Este cambió significó el cierre de estas instalaciones de gas, en 1971.

La empresa Catalana de Gas cedió los terreno de la fábrica a la Corporación Metropolitana de Barcelona, en 1986, a fin de que fueran utilizados con fines cívicos. Sólo permanecen la torre del agua, uno de los gasómetros y un pequeño edificio de oficinas como testimonio de aquella iniciativa industrial. El resto del complejo fue derribado durante las obras previas a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

En 1995, la fábrica del gas fue comprada por el Ayuntamiento de Barcelona y se transformó en un espacio de educación ambiental, que ofrece una amplia gama de actividades y servicios orientados a convertir a Barcelona en una ciudad más sostenible. El edificio ha sido incluido en el catálogo de Patrimonio Arquitectónico y Artístico de la ciudad, y ha sido objeto de un cuidadoso proceso de rehabilitación liderado por el arquitecto Toni Solanes.

El acondicionamiento del espacio ha tomado en cuenta soluciones ambientales tales como el aprovechamiento del agua de lluvias, una bomba de calor geotérmica, una pared de placas fotovoltaicas y ventilación natural.

Esta sede puede visitarse para acceder a su servicio de documentación especializado en educación ambiental y sostenibilidad, así como participar en sus diversas actividades o simplemente recorrer sus instalaciones.…

Con el teatro se hizo la luz en Valencia

La historia de la ciudad de Valencia ha estado siempre muy ligada al desarrollo de las artes. Fueron los promotores culturales los primeros en sumarse a la ola modernizadora de mediados del siglo XIX.

Literalmente, podemos decir que el teatro trajo la luz a la ciudad. Corría el año de 1882, en una Valencia pobremente iluminada con farolas alimentadas por gas de hulla. Era, sin embargo, un gran avance, que dio origen al primer sector industrial en de la ciudad.

Apenas la Glorieta y algunas calles principales contaban con un alumbrado público, instalado por el alcalde José Campo, a la sazón concesionario del servicio. Con 400 faroles para las vías públicas, 800 mecheros para los edificios oficiales y otros tantos para viviendas particulares, Valencia iluminaba sus noches, pero sólo entre los meses de octubre a abril.

Afortunadamente, la energía eléctrica llegó para cambiar el panorama. Fue en Casa Conejos, una tienda en la calle San Vicente, donde por primera vez se encendieron unas lámparas alimentadas por electricidad. La novedad asombraba a los vecinos, quienes quedaban deslumbrados por la potencia de aquellas luminarias.

Valencia se convertía así en la tercera ciudad española en contar con instalaciones eléctricas, siguiendo los pasos de Barcelona y Madrid. La Sociedad Española de Electricidad fue la empresa encargada de dotar de suministro eléctrico a la población.

Las nuevas instalaciones lograron llevar el servicio hasta el Llano de la Zaidía, donde tenía su sede la fundición Vulcano, primer conjunto industrial en disfrutar de energía eléctrica.

Luego fue el turno del Teatro Ruzafa, que figura como primer abonado de la Sociedad Valenciana de Electricidad, empresa que sustituiría a la extinta Sociedad Española de Electricidad. Nos acercábamos ya al final del año 1886 y el efecto corrió como bola de nieve, pues nadie quería quedarse al margen de esta innovación.

La llegada de la electricidad significó, como años antes lo fueron el suministro de agua potable y las primeras vías del ferrocarril, una puerta de entrada a la modernidad.

Destacamos el rol que tuvo el Teatro Ruzafa en la popularización del servicio, pues en esos días las salas de espectáculos gozaban de buena reputación y eran consideradas ejemplos de un futuro prometedor que nos colocaba a la par de otras ciudades más desarrolladas.

Durante más de un siglo, el Teatro Ruzafa llenó de música y alegría la noche valenciana. Fue escenario de grandes espectáculos de zarzuela, incluso alguna función de ópera, aunque es más recordado por sus noches de variedades. Largas filas se formaban en la calle Calvo Sotelo para poder  disfrutar en vivo de las actuaciones de grandes divas, músicos y actores, como Celia Gámez, Queta Claver, Pepe Muñoz Román, Colsada, José Dolz, Alfonso del Real, Rafael Conde «El Titi», Juanito Navarro, Lina Morgan, Moreno Torroba, y Zorí-Santos-Codeos, por sólo nombrar algunos.

Para quienes la nomenclatura de la calle resulte confusa, aclaremos que el teatro se ubicaba en el actual Paseo de Ruzafa con la calle Colón.

Durante el primer bienio republicano, alcanzó sus mayores glorias y es por ello que se hace referencia al Ruzafa en la obra de teatro de José Sanchis Sinisterra, ¡Ay, Carmela! (1987), ambientada en marzo de 1936.…