Con el teatro se hizo la luz en Valencia

La historia de la ciudad de Valencia ha estado siempre muy ligada al desarrollo de las artes. Fueron los promotores culturales los primeros en sumarse a la ola modernizadora de mediados del siglo XIX.

Literalmente, podemos decir que el teatro trajo la luz a la ciudad. Corría el año de 1882, en una Valencia pobremente iluminada con farolas alimentadas por gas de hulla. Era, sin embargo, un gran avance, que dio origen al primer sector industrial en de la ciudad.

Apenas la Glorieta y algunas calles principales contaban con un alumbrado público, instalado por el alcalde José Campo, a la sazón concesionario del servicio. Con 400 faroles para las vías públicas, 800 mecheros para los edificios oficiales y otros tantos para viviendas particulares, Valencia iluminaba sus noches, pero sólo entre los meses de octubre a abril.

Afortunadamente, la energía eléctrica llegó para cambiar el panorama. Fue en Casa Conejos, una tienda en la calle San Vicente, donde por primera vez se encendieron unas lámparas alimentadas por electricidad. La novedad asombraba a los vecinos, quienes quedaban deslumbrados por la potencia de aquellas luminarias.

Valencia se convertía así en la tercera ciudad española en contar con instalaciones eléctricas, siguiendo los pasos de Barcelona y Madrid. La Sociedad Española de Electricidad fue la empresa encargada de dotar de suministro eléctrico a la población.

Las nuevas instalaciones lograron llevar el servicio hasta el Llano de la Zaidía, donde tenía su sede la fundición Vulcano, primer conjunto industrial en disfrutar de energía eléctrica.

Luego fue el turno del Teatro Ruzafa, que figura como primer abonado de la Sociedad Valenciana de Electricidad, empresa que sustituiría a la extinta Sociedad Española de Electricidad. Nos acercábamos ya al final del año 1886 y el efecto corrió como bola de nieve, pues nadie quería quedarse al margen de esta innovación.

La llegada de la electricidad significó, como años antes lo fueron el suministro de agua potable y las primeras vías del ferrocarril, una puerta de entrada a la modernidad.

Destacamos el rol que tuvo el Teatro Ruzafa en la popularización del servicio, pues en esos días las salas de espectáculos gozaban de buena reputación y eran consideradas ejemplos de un futuro prometedor que nos colocaba a la par de otras ciudades más desarrolladas.

Durante más de un siglo, el Teatro Ruzafa llenó de música y alegría la noche valenciana. Fue escenario de grandes espectáculos de zarzuela, incluso alguna función de ópera, aunque es más recordado por sus noches de variedades. Largas filas se formaban en la calle Calvo Sotelo para poder  disfrutar en vivo de las actuaciones de grandes divas, músicos y actores, como Celia Gámez, Queta Claver, Pepe Muñoz Román, Colsada, José Dolz, Alfonso del Real, Rafael Conde «El Titi», Juanito Navarro, Lina Morgan, Moreno Torroba, y Zorí-Santos-Codeos, por sólo nombrar algunos.

Para quienes la nomenclatura de la calle resulte confusa, aclaremos que el teatro se ubicaba en el actual Paseo de Ruzafa con la calle Colón.

Durante el primer bienio republicano, alcanzó sus mayores glorias y es por ello que se hace referencia al Ruzafa en la obra de teatro de José Sanchis Sinisterra, ¡Ay, Carmela! (1987), ambientada en marzo de 1936.

También te podría gustar...